La lucha por el cannabis en Colombia también es feminista
La regulación del cannabis no solo habla de mercado: también habla de justicia, autonomía y reparación para las mujeres que han cargado con el peso de la prohibición.
Hablar de cannabis en Colombia también es hablar de mujeres, territorio, desigualdad y memoria. Esta lucha no solo busca cambiar leyes: también busca reconocer a quienes han sido más afectadas por la prohibición.
Una historia que también toca a las mujeres
La historia del cannabis en Colombia no puede separarse de la vida de muchas mujeres, especialmente de mujeres campesinas, cuidadoras, madres cabeza de hogar y comunidades que han vivido de cerca las consecuencias de la prohibición.
Durante décadas, las políticas contra las drogas no solo persiguieron plantas o mercados ilegales. También impactaron cuerpos, familias y territorios. En muchas comunidades rurales, las mujeres han estado vinculadas al cuidado de cultivos, al sostenimiento de economías familiares y a labores invisibles que rara vez son reconocidas.
Cuando llegaron la criminalización, el estigma y la persecución, muchas de ellas quedaron en una posición especialmente vulnerable: desplazadas, empobrecidas, señaladas o encarceladas.
La regulación abrió una puerta, pero no para todas
La regulación medicinal del cannabis en Colombia, impulsada por la Ley 1787 de 2016, abrió una puerta importante. Sin embargo, esa puerta no se abrió para todas por igual.
Aunque la industria legal comenzó a crecer, muchas cultivadoras tradicionales y mujeres afectadas por la prohibición siguieron quedando por fuera del mercado formal.
Estas mujeres, quienes deberían ser parte central de una nueva conversación sobre cannabis, todavía enfrentan barreras económicas, sociales y legales para acceder a los beneficios de la regulación.
Cannabis y justicia social
Por eso, hablar de cannabis también es hablar de justicia social. La legalización no debería ser solo una oportunidad económica para grandes empresas.
También debería ser una forma de reparar una deuda histórica con quienes han cargado las consecuencias más fuertes de la guerra contra las drogas.
En Colombia, muchas mujeres privadas de la libertad por delitos relacionados con drogas han sido madres cabeza de hogar y mujeres en situación de pobreza. Esto nos recuerda que la regulación debe pensarse también desde una mirada de género.
Una mirada feminista
Desde una mirada feminista, la lucha por el cannabis también es una lucha por reconocer desigualdades, reducir estigmas y abrir espacios reales de participación para las mujeres.
No se trata únicamente de permitir una industria. Se trata de preguntarnos quiénes han sido castigadas, quiénes han sido excluidas y quiénes merecen estar al centro de una nueva conversación.
- Autonomía
- Justicia
- Reparación
- Reducción del estigma
- Acceso digno al mercado legal
- Reconocimiento de las mujeres cultivadoras, consumidoras, cuidadoras y activistas
Legalizar también es reparar
La legalización del cannabis en Colombia no puede ser vista solo como una oportunidad de mercado. Es, también, una deuda histórica con las mujeres que han cargado con el peso de las políticas prohibicionistas y el estigma social.
Reconocer su papel en la historia del cannabis y asegurar su inclusión en una industria regulada es un paso esencial hacia la equidad.
Legalizar significa más que cambiar una ley. Significa abrir una conversación sobre justicia, igualdad, autonomía y dignidad.
Bibliografía
- Corriente Alterna. Mujeres y marihuana: derecho a consumir. Ver fuente
- Museo de Antropología UNC. Cannabis: miradas feministas, legales y antropológicas de una deuda con la sociedad. Ver fuente
- Al Poniente. Legalización y regulación del cannabis: una deuda con las mujeres. Ver fuente
- Mutante. Derechos de los consumidores de marihuana. Ver fuente
- Volcánicas. Marihuaneras: mujeres, cannabis y legalización. Ver fuente